Entrar en un aula y preguntarnos como podemos introducir la tecnología para generar un aprendizaje, es algo a lo que nos enfrentamos cada vez más a menudo. El crecimiento de recursos digitales y el aumento de nuestra competencia digital nos está haciendo acercar cada vez más estos dos escenarios.

En mi opinión la parte más complicada en contextualizar esta tecnología con nuestra aula, el poder verla como herramienta que mejora el aprendizaje y no como un fin en si mismo. Esto nos está resultando más sencillo con recursos digitales que ya vienen enfocados para el ámbito educativo, donde sus pautas y guías nos marcan un camino en el aprendizaje de nuestros alumnos, recursos para gamificar, colaborar, comunicar, etc..

Pero que ocurre cuando usamos esa tecnología más disruptiva, esa tecnología actual que parece está tan lejos de un aula, palabras como realidad virtual o inteligencia artificial hace que contextualizar un aprendizaje en el aula se vuelva algo más complicado.

Hacer entender a los alumnos que la tecnología puede ayudarnos a mejorar o solucionar una situación de la vida real, es algo muy enriquecedor y además es uno de los primeros pasos en la llamada transformación digital educativa.

Partiendo de ese objetivo desarrolle la actividad de aula que ahora os quiero contar, esta actividad está contextualizada en el marco de la comunicación, en hacer entender lo importante que es poder comunicarnos con cualquier persona y de esta manera poder escuchar y ser escuchados. Lógicamente todos en el aula no ven la necesidad de mejorar nada, ya que de una manera sencilla pueden hablar y entenderse sin el mayor esfuerzo, pero que ocurre cuando les pones en la siguiente situación.

Video sin sonido

Un video donde alguien que nos habla SIN SONIDO y además con la mascarilla puesta. De esta manera creamos la necesidad de entender, una necesidad que se puede remarcar contextualizándolo en aquellas personas que son sordas, donde su mundo la mayoría de las veces es como este video.

De aquí nace la posibilidad de buscar alternativas a la comunicación, crear la necesidad para generar el aprendizaje, donde una de ellas es sin duda el lenguaje de signos.

Para enseñarlo en el aula creé una aplicación basada en el reconocimiento de gestos, una programación en Inteligencia Artificial donde una computadora era capaz de reconocer en tiempo real la letra que tu podías hacer mediante el lenguaje de signos.

Realmente esta máquina había aprendido el lenguaje de una manera muy parecida a como lo hace un humano, simplemente entrenando y viendo miles y miles de imágenes etiquetadas con su letra correspondiente, algo que dio un resultado como el que podéis ver en las imágenes.

Como conclusión podemos añadir que la motivación y el aprendizaje que tuvieron los alumnos fue altísimo, viendo una vez más como la tecnología bien introducida en el aula y contextualizada en un objetivo real puede generar grandes beneficios educativos. Probablemente esta actividad la hubiéramos podido realizar sin tecnología alguna usando simplemente papel y lápices, pero creo que el objetivo de introducir este tipo de recursos nos acerca más al mundo digital al que ellos se enfrentarán, y donde deberán haber vivido estas experiencias en clase para afrontar y resolver los posibles retos que les surjan en el futuro.